Dodge Polara. Historia de un mito!

En 1968 la Chrysler Fevre de Argentina se despachó con el Dodge Polara, cuya silueta de 5.5 metros de largo se veía enorme para el standard del mercado argentino. El Polara era un rediseño del Dodge Dart, el cual era un sedán americano de rango intermedio, aunque la mecánica pertenecía al Valiant.

Mientras que el Polara era el sedán básico, pronto se ofrecieron la versión de lujo (Coronado) y las cupés deportivas (GT / GTX, las cuales intentaron ser una suerte de versión criolla del Dodge Charger). Se ofrecía en un rango de motores que iban desde el 3.3 diesel hasta el V8 de 5.2 l. Precisamente el 5.2 estaba tan potenciado (230 HP) que le permitía llegar a los 200 km por hora, algo inusual para el mercado argentino.

La familia de los Polara tuvo buena respuesta en Argentina, tanto que la Chrysler decidió probar una versión reestilizada del mismo en España, comercializándola como Dodge 3700 (la cual contó con carrocerias argentinas durante sus primeros años de producción). Tal como el Dodge Polara, el 3700 se produjo hasta cerca de los años 80, cuando la Chrysler entró en crisis y debió cerrar las puertas de la mayoría de sus subsidiarias en todo el mundo.

Pero buena parte de la decadencia de estos autos llegaron con la crisis del petróleo de principios de los 70, en donde el excesivo consumo se transformó en algo prohibitivo. Los motores grandes requieren poco mantenimiento… pero conllevan a un gasto masivo de combustible que la suba de los precios terminó por transformar en una cuestión de lujo.

El único paliativo para estos monstruos – el económico Gas Natural Comprimido – apareció demasiado tarde (a mediados de los 80) y, aún así, sigue al día de hoy sin transformarse en un standard. De este modo el Dodge Polara terminó por transformarse en un dinosaurio, un gigante en extinción que queda como el recuerdo de una era en donde lo único que importaba era la comodidad y el andar.

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